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Encontrando la Voluntad de Dios

Originally Appeared in : 9714-7/6/17

A menudo oramos para que se haga la voluntad de Dios en nuestras vidas, nuestras familias, nuestras comunidades, nuestra Iglesia y el mundo entero. Cada vez que rezamos la oración más perfecta, el Padre Nuestro, pedimos a Dios que se haga su voluntad en la tierra como en el cielo. En nuestro idioma tenemos tantas maneras de evocar la voluntad de Dios con respecto a eventos futuros usando expresiones como “Dios quiera,” “Primero Dios,” “Si Dios lo permite.” y “Si Dios la licencia” para nombrar algunas.Oramos para que se haga la voluntad de Dios, pero ¿cómo sabemos si la estamos haciendo?

Primero debemos preguntar y estar dispuestos a escuchar. Si hay alguien con el deseo de que sepamos la voluntad de Dios, es Dios mismo. Debemos preguntarle y como Samuel, debemos escucharlo diciendo, “Habla Señor que tu siervo escucha.” Hay incontables distracciones y aparatos modernos que nos roban la capacidad de estar callados y poder escuchar. Elías encontró a Dios en el silencio; también debemos nosotros crear momentos silenciosos de oración y meditación para encontrarnos con Dios.

 

 

Frecuentar los sacramentos de la Iglesia es fundamental en la búsqueda de la voluntad de Dios ya que al participar en los sacramentos hacemos la voluntad de Dios. Cristo instituyó por su voluntad los sacramentos como medio para recibir la gracia de Dios sin falta. Cada vez que participamos en la Eucaristía hacemos la voluntad de Dios ya que somos obedientes al mandato de Jesús, “hagan esto en memoria mía.” 

 

El Salmo 37 afirma “pon tu alegría en el Señor, él te dará lo que ansia tu corazón.” Dios ha plantado ciertos deseos en cada corazón y tiene el poder de cumplirlos. Un buen lugar para iniciar la búsqueda de la voluntad de Dios es la consideración de los deseos y anhelos más profundos de tu corazón. Dios revela su voluntad a través de deseos y habilidades naturales, construyendo sobre ellos con su poder sobrenatural. Dios no obra en un vacío, más bien, obra a través de los deseos más profundos del corazón.

 

Hacer la voluntad de Dios requiere la habilidad de alinear la voluntad propia con la de Dios. Esta alineación siempre será un desafío incluso cuando la voluntad de Dios sea simple. Considera Naamán el sirio que no quería lavarse en el Río Jordán siete veces para ser curado de su lepra cuando Dios había ordenado esto a través del profeta Eliseo. Lavarse en el Jordán era simple, pero era un reto para Naamán porque no era lo que él quería o esperaba. A menudo la voluntad de Dios puede ser la opción más simple ante uno, pero que sea simple no significa que sea la opción más fácil ya que puede requerir la alineación de las dos voluntades.

 

Finalmente descubrir la voluntad de Dios requiere un discernimiento cuidadoso. Según el gran San Ignacio de Loyola, lo que viene de Dios siempre viene con valentía y fuerza, consuelo, lágrimas, inspiraciones y gracia. Las cosas se hacen más fáciles y los obstáculos se eliminan para que el alma se ponga en marcha en hacer el bien. En otras palabras, la voluntad de Dios trae paz y estabilidad. Por otro lado, lo que no viene de Dios hostiga con ansiedad y tristeza, presentando obstáculos respaldados por razonamientos incorrectos que perturban el alma impidiéndola avanzar. En otras palabras, lo que no es la voluntad de Dios trae incertidumbre y turbulencia.

 

Un leproso cayó postrado ante Jesús diciendo: “Señor, si quieres, puedes hacerme limpio” y Jesús le respondió: “Quiero. Sé limpio.” El hombre estaba dispuesto a hacer la voluntad de Dios y el deseo más profundo de su corazón (su sanación) se alineó perfectamente con la voluntad de Dios y el hombre fue sanado. Se hizo la voluntad de Dios en su vida, que también se haga en las nuestras.

 

Padre Pablo Migone, es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

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