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Repuesta a la invitación

Originally Appeared in : 9817-8/16/18

Unas semanas antes de completar mi asignación en la Parroquia San José en Augusta organicé un taller de preparación matrimonial en español para varias parejas. A las 6:30pm abrí el salón, encendí el aire acondicionado y confirmé que todo esté listo. Las mesas y sillas estaban en su lugar, la comida preparada, mis charlas listas, y la pareja que conduciría el taller ya había llegado. De repente era ya las 7:00, la hora de iniciar, pero ninguna de las ocho parejas había llegado. Cuando estaba por cerrar con llave el salón unos minutos después de las 7:30, de repente llegó una pareja joven que no reconocí. Venia de una parroquia vecina. La mañana siguiente llegaron dos parejas adicionales, ambas viajaron de otra ciudad para participar.

 

Me sentí como el rey de la parábola del gran banquete. Cuando ninguno de los invitados llegó al banquete de boda luego de presentar todo tipo de excusas, el rey ordenó a sus siervos que inviten a quien encontrasen por las calles de la ciudad. Llegaron todo tipo de invitados inesperados, y ninguno era uno de los invitados originales. La historia se repitió en el taller de preparación matrimonial: muchos fueron invitados, pero llegaron participantes inesperados y se beneficiaron tremendamente. De la misma manera muchos son invitados a formar parte del Reino de Dios, pero no todos optan por responder a la invitación.

 

La probabilidad de que un rey invite a la población general de su reino a la boda de su hijo como ocurrió en la parábola del evangelio es inexistente. ¿Invitaría hoy un político de alto perfil a su electorado entero a un evento familiar? Reyes y políticos invitan a sus fiestas solo a quienes ellos consideran haber meritado recibir una invitación. Por lo contrario, todos hemos recibido una invitación al banquete del Reino de Dios – no porque seamos buenas personas o hayamos merecido una invitación, pero más bien porque Dios ha elegido llamarnos. Su invitación es gratuita, y como invitados, tenemos la libertad de aceptar o rechazar la invitación.

 

Muchos a lo largo de la historia han ignorado la invitación de Dios a seguirle más de cerca, respondiendo con múltiples excusas como en la parábola. Israel respondió a la invitación de Dios para salir de Egipto cuando Dios los liberó de la esclavitud, pero pronto Israel se rebeló en contra de Moisés en el desierto. Profetas como Isaías fueron enviados por Dios a lo largo de los siglos para predicar un mensaje de arrepentimiento y misericordia, pero fueron rechazados una y otra vez. Algunos profetas murieron como Jeremías y San Juan Bautista cuando el pueblo rechazó la invitación al banquete de Reino de Dios que ellos proclamaban. Tantos vieron y escucharon a Jesús predicar y enseñar, sin embargo, muchos de estos mismos gritaron “¡Crucifíquenlo, Crucifíquenlo!” Muchos han creído en Dios con sinceridad a lo largo de los siglos, pero en cuanto ha surgido un problema o reto, han rechazado a Dios y su promesa de salvación.

 

Es fácil ignorar la invitación de Dios para actuar con caridad, para terminar un argumento o chisme, para ofrecer un sacrificio, para demostrar buena voluntad y misericordia, o para demostrar paciencia. Como los invitados de la parábola, es fácil poner excusas, actuar de forma diferente, y al hacerlo rechazar la invitación de Dios. El rechazo del rey por sus invitados continúa ocurriendo hoy, pero a pesar de esta realidad el rey no deja de invitar a más personas al banquete. El banquete está listo y la mesa preparada. Depende de nosotros aceptar o rechazar la invitación.

 

Padre Pablo Migone, es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

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