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Acción de Gracias: Celebremos nuestra humanidad y esfuerzo por preservarla

Originally Appeared in : 9823-11/8/18

Recientemente quise reservar un Yellow Cab (Taxi Amarillo) en la web para que me traslade al aeropuerto. No tuve éxito, porque la tecnología que me debería identificar como un ser humano y no como un robot, no estaba activada en el servidor de la empresa de taxis. Finalmente me di por vencido y llamé a un inmigrante de la India que tiene un taxi y me había llevado antes. Lo hizo con gusto. El mundo aún funciona mejor a través de las relaciones humanas.

 

Podemos regocijarnos de esto durante nuestra cena de Acción de Gracias. Por experiencia, sabemos que una reunión puede ser polémica, mi hija Rosa ha tenido que prohibir los argumentos políticos. Pero también experimentamos tolerancia, comprensión, matices y compromiso. Esa es la naturaleza del ser humano.

 

Sin embargo, a medida que avanza la inteligencia artificial, los robots serán más como humanos. El demostrar nuestra humanidad puede ser más difícil que identificar letras, números y escenas en fotografías. Pero paradójicamente, nosotros podemos estar volviéndonos más como robots. Ya podemos ver en nuestro discurso político el contexto binario de la toma de decisiones de las computadoras: o lo tomas o lo dejas; algunas personas cuentan y otras no; sólo dos opciones, ganar o perder.

 

 

Esta puede ser la época de los robots. El montaje de coches fue sólo el principio. Tal como señala George Will, columnista del Washington Post, en una columna acerca de un libro escrito por el senador republicano de Nebraska Ben Sasse, “Them: Why We Hate Each Other and How to Heal (Ellos: Por Qué Nos Odiamos y Cómo Curarnos), donde menciona que “conductor” es la mayor categoría de empleo en los Estados Unidos. Pero en la próxima década los vehículos que conducen solos podrían borrar dos tercios de esos puestos de trabajo. En McKinsey & Co, donde trabajó una Sasse, los analistas dicen que el 50 por ciento de las actividades humanas podrían ser automatizadas por tecnologías actualmente disponibles. Así, el trabajo que Sasse llama “cuestionablemente el ancla más fundamental de la identidad humana”, sufre una alteración cultural radical.

 

En todas partes las computadoras están reemplazando a los seres humanos, incluso a los cajeros bancarios. No tengo que ir a depositar un cheque, retirar o transferir fondos. Puedo hacerlo desde casa con una aplicación en mi teléfono móvil. Todos amamos nuestras computadoras y cómo mejoran nuestras vidas, pero nunca estimamos el costo para otros seres humanos.

 

Sasse culpa a la revolución digital de socavar la conectividad, lo que lleva a que más personas mueran anualmente de sobredosis de drogas (72.000) que las que murieron durante toda la guerra de Vietnam (58.220), la pérdida de comunidad causa una soledad asombrosa, que se está convirtiendo en la crisis de salud número uno de la nación, y desintegrando la familia, ya que el 70 por ciento de hijos de mujeres con sólo un diploma de escuela secundaria o con menos escolaridad, nacen fuera del matrimonio.

 

Pero en el clima político actual, los objetivos convenientes son los inmigrantes, las personas de color y los pobres, especialmente en zonas rurales. Y no es de extrañar que Sasse argumente que no es la política lo que está dividiendo a los Estados Unidos y trayendo abajo a la gente.

 

Sin embargo, una investigación del New York Times sobre el embarazo en el lugar de trabajo muestra que la discriminación conduce a muchos abortos naturales y mortinatos, que se podrían evitar si el Congreso fortaleciera una ley que tiene décadas, que permite que los empleadores nieguen la consideración especial a las mujeres embarazadas que deben levantar artículos pesados a las fajas transportadoras. Los esfuerzos recientes por cambiarla no pueden siquiera lograr una audiencia, mucho menos un voto. 

 

Así que mientras nos sentamos a la mesa este día de Acción de Gracias, regocijémonos en nuestra humanidad, agradecidos de que podemos amar, perdonar, juzgar, sacrificar y empatizar, habilidades que los robots no tienen. Y oremos, aunque sólo sea en silencio, para que no nos volvamos como máquinas, inflexibles, descuidadas, que no deseen acudir en auxilio de aquellos que sufren.

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