Commentary

Verdades innegables

Originally Appeared in : 9808-4/12/18

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Como directora de educación religiosa en mi parroquia, ayudo a preparar para los sacramentos de iniciación a adultos, jóvenes y niños partir de los 7 años, que es cuando ya tienen uso de razón. En nuestra reciente Vigilia Pascual, 43 personas entre adultos y niños ingresaron a la iglesia e iniciaron su vida como católicos. Tres candidatos ya habían sido bautizados, y se hicieron católicos a través de la Profesión de Fe. Los otros cuarenta no habían sido bautizados. Cuarenta de estos nuevos católicos eran hispanos. 

 

En cuanto a la preparación para la Primera Comunión, que será en mayo, esperamos que alrededor de 120 niños reciban a Jesús en la Eucaristía por primera vez. De aquellos niños y adolescentes, alrededor de 100 son hispanos. De nuestro grupo que se prepara para la Confirmación, el cual es un proceso de dos años e incluye aproximadamente 160 jóvenes. De ellos alrededor del noventa por ciento son hispanos.

 

Nuestra parroquia ofrece cuatro Misas durante el fin de semana; dos en inglés y dos en español. Las Misas en español se llenan, mientras que en las Misas en inglés el sábado, la iglesia nunca se llena. En la Misa en inglés por la mañana se ve una mezcla de culturas; muchos feligreses hispanos asisten a esa Misa. Sin embargo, rara vez veo algún angloparlante en nuestras Misas en español. 

 

He trabajado en esta parroquia en el centro de Carolina de Norte durante cerca de cinco años, y se ha dado un constante incremento de feligreses hispanos. Este incremento se refleja en los hechos que antes reporté. Mi parroquia refleja así mismo, una tendencia general en la iglesia católica en los Estados Unidos. Según un artículo en Crux titulado “El Crecimiento de la Población Hispana en los Estados Unidos es una Bendición para la Iglesia, sostiene el expositor” (Andrea Acosta, 5 de febrero de 2017). El profesor de teología y educación religiosa Hosffman Ospino del Boston College, describe el influjo de hispanos en los Estados Unidos como un “ tsunami”. 

 

El artículo confirma mi experiencia en la parroquia, reporta que el 71 por ciento del incremento de católicos en nuestro país está representado por los católicos hispanos. En los Estados Unidos aproximadamente 30,4 millones de personas se identifican como hispanos o latinos, y también se identifican como católicos.

 

En el artículo Ospino advierte que “los líderes de la Iglesia deben prestar atención hacia donde está creciendo el catolicismo”. Informa que “las estadísticas muestran que en mayor proporción que la mayoría de los otros grupos de la iglesia, el grupo de los hispanos es el que bautiza a sus hijos y ve que reciban la Primera Comunión, pero al mismo tiempo el ministerio de la iglesia muestra resistencia hacia esa realidad...”

 

Ospino sostiene: “las diócesis, escuelas y parroquias han estado en ‘control de crucero’ durante más de 70 años y se necesita una renovación, una nueva dinámica. Tenemos que leer los signos de los tiempos a la luz de nuestra fe».

 

El Quinto Encuentro Nacional del Ministerio Hispano/Latino en Fort Worth, Texas, que se celebrará este año en septiembre, será un desarrollo prometedor y participativo. Será la culminación de encuentros parroquiales, regionales y diocesanos. Los obispos estadounidenses esperan que participen en los dos próximos años más de un millón de católicos.
Mi parroquia ha participado en este encuentro, y un colega asistió al encuentro regional en Florida a principios de este año. El encuentro está diseñado para brindar oportunidades a las personas activas en el Ministerio Hispano/Latino, para hacer que sus voces se oigan en cuanto a sus necesidades y esperanzas en la dirección de la iglesia.

 

El cambio y el aumento de la diversidad pueden verse como desafíos o problemas, o pueden verse como oportunidades y soluciones.

 

Durante el tiempo de Pascua, leemos de Hechos de los Apóstoles y aprendemos sobre el crecimiento de las primeras comunidades cristianas. Ese crecimiento no ocurrió sin dificultades.

 

Un artículo en Church Life Journal, “That All May Be One: Cultural Unity in Shared Parishes” (“Para que Todos Sean Uno: Unidad Cultural en Parroquias Integradas”) por Ryan Pietrocarlo, C.S.C., describe los desafíos que enfrentó la Iglesia primitiva.

 

Escribe: “Mientras más gentiles se bautizaban, más crecía también la comunidad de cristianos con diversas necesidades. Ciertamente, los Apóstoles, por ser de origen judío, no estaban familiarizados con el estilo de vida y las necesidades de los gentiles y, por lo tanto, no sabían cómo satisfacer mejor estas necesidades.

 

Vemos que esto pasa a primer plano en el Capítulo 6 de los Hechos de los Apóstoles. Los helenistas convertidos (griegos) eran cada vez más numerosos y no se satisfacían sus necesidades. Entonces se acercaron a los discípulos y les hicieron saber lo que les faltaban. Los Hechos de los Apóstoles registra que los griegos dijeron que ‘se desatendían a sus viudas en la distribución diaria de los alimentos’ (6, 1), ciertamente una necesidad importante para esa comunidad. Al ser nuevas las necesidades de los griegos para los discípulos, tenían que reunirse para discutir el asunto. Después de sus deliberaciones tomaron una idea ingeniosa. Exhortaron a los griegos: ‘escojan de entre ustedes siete hombres de buena posición, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, y nosotros les encargaremos esta tarea’ (Hechos 6, 3). Los discípulos sabían que carecían de la experiencia de poder satisfacer las necesidades de los griegos, ya que ellos no eran griegos. Entonces decidieron permitir que los griegos elijan personas de sus propias filas para satisfacer sus necesidades. Sabrían cómo hacerlo de la manera más efectiva ya que estaban más familiarizados con esas necesidades».

 

El Padre Pietrocarlo usa este ejemplo de pedirle a un grupo que seleccione sus propios líderes para expresar sus necesidades, que es lo que la Iglesia debe seguir. Su artículo se centra en maneras en que las “parroquias multiculturales” (parroquias que se componen de grupos anglosajones e hispanos / latinos, como mi propia parroquia) puedan encontrar unidad en medio de su diversidad.

 

Desde mi experiencia en una parroquia multicultural, todavía se debe trabajar mucho para lograr la unidad. Lo más importante desde mi punto de vista, es que los anglosajones logren una mayor comprensión acerca de las experiencias y cultura de nuestros hermanos y hermanas hispanos.

 

He oído decir que “deberían aprender inglés” en cuanto a las Misas que se ofrecen en español, sin embargo, quienes hacen esa afirmación pasan por alto el hecho de que las personas se sienten más cómodas rezando en su lengua materna.

 

El padre Pietrocarlo describe las “parroquias nacionales” como parte del tejido de la Iglesia Católica primitiva en América. Estas parroquias consistían en “miembros de un grupo étnico con el propósito de adorar y compartir la vida parroquial en su lengua y cultura nativas”. La primera parroquia nacional fue establecida por católicos alemanes en Filadelfia en 1787, y se extendió dramáticamente en las principales ciudades de los EE. UU. en el siglo diecinueve. Cada grupo étnico creó parroquias nacionales, a las que asistían solo personas de ese grupo étnico. En una ciudad era posible encontrar parroquias alemanas, polacas, irlandesas y francesas”.

 

Estas parroquias fueron resultado directo de la necesidad de los inmigrantes de encontrar una forma de expresar su fe de manera culturalmente adecuada. A la luz de nuestra historia, ofrecer Misa en español y proveer un ministerio hispano parece ser lo menos que podemos hacer.

 

Nos incumbe a todos, especialmente a los que estamos en lugares donde la población hispana es fuerte (el sur y el oeste), comprometernos más activamente con la inclusión y la conciencia cultural.

 

Podemos comenzar reconociendo dos verdades innegables: Nuestra Iglesia ha sido inclusiva desde sus orígenes (claramente descrita en los Hechos de los Apóstoles) y la Iglesia en los Estados Unidos tiene profundas raíces de inmigrantes. Nunca debemos permitir que el sentimiento antiinmigrante, muy a menudo expresado últimamente, nos haga olvidar quiénes somos.

 

Mary Hood Hart es redactora independiente y educadora que reside en Pittsboro, NC. Se le puede contactar escribiendo a: maryhoodhart@gmail.com

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