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Buscando a Cristo

Originally Appeared in : 9801-1/4/18

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Todo corazón humano busca el sentido de su vida. Toda alma anhela la felicidad. Todos nacemos inquietos. Nacemos con un vacío dentro, con un anhelo en el alma, que nos lleva a buscar la plenitud. Somos como un hermoso y complicado rompecabezas al cual le falta una pieza. Sin esa pieza estamos incompletos, por eso buscamos incansablemente la pieza que complete el rompecabezas de nuestra vida.

 

A menudo intentamos completar el rompecabezas con otras piezas atractivas, que nos satisfacen temporalmente, pero que no nos completan plenamente. Estas piezas efímeras y que por ultimo no nos dan la plenitud pueden incluir el materialismo y la vanidad, la droga y el alcohol, el hedonismo y el egoísmo por solo nombrar algunas. Aunque tentadoras y en ocasiones exitosas por un tiempo en calmar nuestras inquietudes, estas piezas equivocadas rápidamente hacen mas profundo nuestro vacío interno.

 

No importa cuantas piezas probemos para llenar ese vacío de nuestra alma, solo existe una pieza que entra con perfección. San Agustín la identificó correctamente cuando escribió, “nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en ti.”

 

Hemos sido creados por Dios con una necesidad natural de El para alcanzar la plenitud personal. Permanecemos inquietos, sin esa última pieza perfecta del rompecabezas, mientras resistamos la presencia de Dios en nuestras vidas. El nos ha creado para sí mismo y lo necesitamos.

 

La inquietud de algunas personas hace que se aparten de Dios, pero es en Dios donde nuestras inquietudes se calman. Jesús nos invita a buscarlo en nuestras inquietudes diciéndonos, “vengan a mi los que van cansados, llevando pesadas cargas, y yo los aliviaré.” Le dijo Jesús a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob, “el que beba del agua que yo le daré nunca volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en el en un chorro que salta hasta la vida eterna,” y la mujer respondió, “Señor, dame de esa agua, y así ya no sufriré la sed ni tendré que volver aquí a sacar agua.” Es solo en Cristo donde nuestra sed es saciada y nuestra búsqueda termina, y podemos avanzar con propósito en la vida.

 

Solo en Dios encontramos el cumplimiento de todos los deseos del corazón. Es en el entregarse a Dios donde encontramos paz. Es en el entregarse a Dios que El completa el rompecabezas de nuestra vida colocando la pieza perfectamente hecha, llenando el vacío del corazón y completando quienes somos. Es solo en Dios que la inquietud de buscar se desvanece en la alegría y plenitud de haberlo encontrado. Que el año nuevo nos encuentre más cercanos a Cristo, permitiéndole colocar esa pieza de rompecabezas en nuestras vidas que nos llenará de paz y alegría.

 

Padre Pablo Migone, es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

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