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El trabajo es un bien del hombre

Originally Appeared in : 9825-12/6/18

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Hace algunos años el Papa Francisco afirmó que uno de los mayores problemas en el mundo de hoy es el desempleo de los jóvenes. Probablemente estaba considerando las altas tasas de desempleo de los países europeos — recuerdo que hace unos años España tenía una tasa de desempleo juvenil del 50%. Muchos feligreses algo escandalizados me decían, “¡cómo puede el Papa decir que este es uno de los mayores problemas cuando existe el aborto y la eutanasia!” Considero que no fue la intención del Papa de ignorar o disminuir la presencia de otros temas importantes, pero más bien quiso recalcar un punto importante.

 

Una y otra vez la Iglesia ha manifestado que el trabajo es importante para el florecimiento humano ante todo porque es a través del trabajo que participamos en la obra creativa de Dios. El trabajar es un aspecto único para nosotros los seres humanos quienes hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. El trabajar nos permite ser co-creadores con Dios, dando forma a lo que Dios nos provee en su creación. El trabajo eleva al ser humano hacia la divinidad: trabajamos y creamos al igual que Dios trabaja y crea. Trabajamos en imitación a Jesús quien trabajó en un taller de carpintería durante su vida oculta en Nazaret. El trabajar es imitar a Dios.

 

El trabajo también es importante para la realización de un ser humano ya que el trabajo afirma la dignidad de la persona humana. El Papa Juan Pablo II en su encíclica Laborem Exercens expresa que a pesar de la fatiga que conlleva el trabajo, “el trabajo es un bien del hombre.” El Papa recalca que el trabajo le permite al trabajador mantener a su familia, educar a sus dependientes, comprar propiedad privada la cual proporciona sustento y contribuir para el bien de la sociedad. El trabajo que se realiza libremente proporciona una profunda sensación de satisfacción y plenitud al trabajador. Un trabajador no sólo se beneficia de la remuneración, sino también por el profundo sentido de realización personal que viene del trabajar.

 

Hace poco leí un artículo titulado The World’s Broken Workplace por el empresario Jim Clifton donde presentó una estadística alarmante: el 70% de los trabajadores estadounidenses no se sienten comprometidos a su trabajo. Hay una falta general de interés entre los trabajadores lo cual indica que la mayoría de trabajadores no están satisfechos con su empleo. La Iglesia tiene mucho que aportar para solucionar este dilema. La visión del trabajo como una realidad exaltada y digna a través de la cual una persona imita a Jesucristo y participa en el poder creativo de Dios Padre es una perspectiva alentadora y significativa para todo trabajador. San Josemaría Escrivá de Balaguer quien predicó fervorosamente sobre la dignidad del trabajo, escribió “amamos ese trabajo humano que [Jesús] abrazó como condición de vida, cultivó y santificó. Vemos en el trabajo un signo del amor de Dios a sus criaturas y del amor de los hombres entre si y a Dios: un medio de perfección, un camino de santidad.”

 

En los últimos párrafos de Laborem Exercens San Juan Pablo II identifica la “obra de salvación” de Jesús la cual requirió su sufrimiento y su muerte. El Papa enfatiza que al soportar la fatiga del trabajo en unión con Cristo, nosotros colaboramos con Cristo en la redención de la humanidad. Cada uno de nosotros, a través de nuestro trabajo, colaboramos en la obra de salvación de Cristo. El trabajo no es ni algo casual ni algo para aguantar: es por medio del trabajo que imitamos a Dios y respondemos a sus instrucciones en el libro del Génesis: “llenen la tierra y sométanla”. Como seres humanos tenemos que trabajar, y es por medio del trabajo que logramos nuestra satisfacción. 

 

Padre Pablo Migone, es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

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