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Un incidente en San Juan Bautista

Originally Appeared in : 9905-2/28/19

El 6 de febrero de 1803 llegó un sacerdote a la ciudad de Savannah y la pequeña comunidad católica de la ciudad le pidió que celebrara una Misa. El Padre Oliver Le Mercier había sido anteriormente asignado a la Parroquia de San Juan Bautista en Savannah la cual había sido fundada pocos años antes por católicos francófonos quienes habían huido de la revolución haitiana al sur y la revolución francesa en Europa. Estos refugiados huyeron temerosos por sus vidas y se convirtieron en los primeros ciudadanos católicos de Savannah.

 

En este momento de la historia las iglesias católicas en los Estados Unidos no eran propiedad de la iglesia institucional o diócesis, pero más bien eran propiedad directa de los parroquianos. Parroquianos selectos eran los propietarios y administradores y los sacerdotes solamente oficiaban actos religiosos cuando podían estar presentes en la comunidad. Cuando el Padre Le Mercier llegó a Savannah el administrador Francis Roma lo invitó a celebrar una Misa. Después de aceptar el sacerdote la invitación, este Señor Roma enfrentó un gran dilema. ¡Nadie podía encontrar las llaves para abrir la iglesia! Roma escribió en protesta en el registro parroquial, “luego de esperar a varios de los administradores quienes yo sabía tenían las llaves en su posesión, no encontré a ninguno de ellos en casa.” El Señor registró que se vio obligado a romper la ventana de la sacristía e ingresar a la iglesia a través de ella. Una vez que el sacerdote entró en la sacristía el dilema incremento para el señor Roma cuando “no encontramos ninguno de los platos de plata, ni los candelabros de latón, ni las albas, vestimentas, manteles de altar, ornamentos con encaje de gran valor.” El sacerdote no podría celebrar la Misa.

 

El señor Roma mandó llamar a la lavandera y ella respondió que estas cosas habían estado en su posesión hasta que un cierto Thomas Dolloghan, uno de los administradores, se las llevó a casa. Cuando el señor Roma se dio cuenta que faltaba también la Biblia, envió a John Shaw a traerla de la casa del mismo Thomas Dollogahn. Afortunadamente escribe Roma que el Padre Le Mercier “fue suficientemente amable de proveer sus propias vestimentas... de lo contrario el servicio divino no se hubiese realizado.”

 

El 19 de marzo de 1803, un mes después del incidente narrado, el Padre Le Mercier incluyó un reporte final en el registro parroquial relatando como concluyó el desafortunado evento. Todos los artículos desaparecidos fueron devueltos por el señor Thomas Dolloghan, tesorero de la parroquia, a través de John Dillon. El sacerdote fastidiado por lo ocurrido escribe que el señor Dolloghan había tomado estas cosas “por alguna razón aún desconocida”. Cerró el caso afirmando que todo estaba en orden y en conformidad con el inventario original hecho y firmado por un Reverendo Felix McCarthy.

 

Encontré este recuento fascinante hace unos meses al examinar el registro original de la Catedral de San Juan Bautista, registro que permanece en los archivos de la Diócesis de Savannah. A pesar de que este evento ocurrió hace más de 200 años me identifiqué inmediatamente con él. Es un recordatorio de que aquellos que vivieron hace más de 200 años lidiaron con los mismos problemas que enfrentamos hoy ya sea en la iglesia o en casa: ¿Quién se llevó esto? ¿Dónde está eso? ¿Por qué no devuelven las cosas a su lugar? Este incidente es un recordatorio concreto que pueden pasar siglos, pero la naturaleza humana permanece igual.

 

Padre Pablo Migone es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

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