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El Retorno del Hijo Prodigo

Originally Appeared in : 9908-4/11/19

La parábola del hijo pródigo es quizás la más conocida de toda la Biblia, en competencia solamente con la Parábola del Buen Samaritano. Es una historia simple pero duradera que ha cautivado a generaciones de cristianos y no cristianos por igual. Lo que hace tan atractiva esta parábola es la esperanza que transmite. Generaciones de hombres y mujeres han encontrado esperanza y aliento en la conversión del joven que insultó a su padre al pedir su herencia, malgastó sus dones y talentos y regresó a la casa de su padre con intenciones nada perfectas.

 

La razón por la cual el hijo regresa a casa no es ni por amor a su padre ni por un arrepentimiento perfecto, pero más bien por hambre. El joven se dio cuenta de que podía conseguir un plato de comida caliente en casa de su padre. Uno nota como el hijo ensaya sus palabras para asegurarse de que su papá le crea: “Le diré, Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Trátame como a uno de tus trabajadores.”

 

El padre sin embargo permanece desinteresado en las palabras de su hijo. Incluso el padre no le permite terminar las palabras que había ensayado. El arrepentimiento sincero y total del hijo ocurre después de experimentar el amor incondicional del padre. “Su padre se llenó de misericordia; corrió hacia su hijo, lo abrazó y lo besó. ¡Saquen el mejor vestido! ¡Traigan el becerro gordo y mátenlo!” La motivación detrás de su retorno no fue totalmente sincera, pero su regreso fue suficiente para que su padre lo perdone y se reconcilien.

 

El pasado del hijo se disuelve inmediatamente al experimentar el amor de su padre y el joven se transforma en una nueva creación. Este proceso no es obra del hijo, pero más bien del padre. El amor del padre lo transforma por dentro y por fuera.

 

El Padre Henri Nouwen, un escritor espiritual holandés, escribió que somos el hijo pródigo cada vez que buscamos amor incondicional donde no se encuentra. Somos el hijo pródigo cada vez que buscamos amor verdadero dejando nuestro hogar, la casa del padre, donde ya somos hijos amados. Somos el hijo pródigo cuando tratamos de ser independientes y vivir nuestras vidas a cuenta propia sin buscar, reconocer y confiar en Dios. Somos el hijo pródigo cuando nos vamos a un país lejano apartado de la misericordia de Dios.

 

Algunas personas permanecen lejos de Dios porque creen que su arrepentimiento no es suficientemente perfecto. Otros consideran que un aspecto de sus vidas es irremediable y se sienten indignos de acercarse al Señor. Aun otros se desaniman a causa de pecados habituales o vicios y creen que nunca podrán cambiar.

 

Esta parábola demuestra lo contrario: es necesario acercarse a Dios con todas nuestras imperfecciones porque solo él puede transformarnos en personas nuevas. No podemos transformarnos solos ya que es Dios quien nos redime. Al concluir pronto la cuaresma, esta es una oportunidad para imitar al hijo pródigo y volver al Padre para que nos muestre su misericordia y por medio de ella nos transforme.

 

Padre Pablo Migone es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

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