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Las playas, los acantilados y los cerros de Normandía

Originally Appeared in : 9913-6/20/19
Llegué a la oficina turística donde había hecho una reserva para un tour de las playas del desembarco de Normandía. Era un hermoso día de primavera. El sol brillaba y una brisa fresca no me permitía olvidar que estaba muy cerca del borde del mundo. Ya que el tour estaba retrasado me senté por unos minutos afuera de la oficina la cual estaba frente a la estación de tren de Bayeux. Unos diez minutos después de la hora prevista de salida, el joven que iba a dirigir el tour me informó que la visita guiada había sido cancelada. Exigí una alternativa pero el hombre mal educado se dio media vuelta y se fue. Aun no se con precisión que sucedió esa tarde, pero ahí quedé parado frente a la estación de tren con ningún tour de las playas del desembarco. Había viajado a Bayeux para ver el famoso tapiz medieval y conocer las playas del desembarco y no me iba a ir sin haber visto las playas.
 
Corrí apresuradamente hacia el centro de la ciudad por la calle principal donde otras agencias turísticas ofrecían recorridos por las playas del desembarco, pero todos los tours de esta tarde ya habían partido. Resuelto a pararme sobre los acantilados al borde del mar ese mismo día continúe recorriendo la ciudad en lo que rápidamente se estaba convirtiendo en una causa perdida. Mi búsqueda llegó a su fin cuando vi un cartel al lado de unas bicicletas verdes reclinadas contra un muro de piedra: “Vélos a louer.” Diez minutos después estaba montando una bicicleta verde por las calles de Bayeux con un pequeño mapa de la región en mi bolsillo. Encontré una solución, y a los veintitrés años, estaba suficientemente fuerte para este paseo por caminos campestres franceses. Las emblemáticas playas de Omaha y Utah estaban demasiado lejos, así que visité Arromanches y Longues-sur-Mer. En Arromanches vi los restos del puerto flotante artificial donde más de 300.000 hombres y más de 100.000 toneladas de provisiones desembarcaron durante junio de 1944. En Longues-sur-Mer observé los restos de la batería de artillería alemana todavía apuntando hacia el mar.
 
La costa tan bella y pacífica no mostraba ninguna señal de la invasión marítima más grande de la historia. Las colinas verdes y pintorescos pueblos normandos por los cuales pasé en bicicleta no indicaron nada del sacrificio y la valentía que testiguaron hace muchos años. Siempre a una distancia sin importar por donde montaba mi bicicleta podía admirar las imponentes torres de la catedral gótica de Bayeux. Surgentes del campo como dos faros de esperanza, las torres apuntaban a todos y a todo hacia Dios. Me imaginé a miles de soldados desembarcar a lo largo de las playas y avanzar por las mismas pistas y colinas que estaba yo explorando, soldados que no solo miraron los mismos acantilados que acababa yo de observar, pero que también fijaron sus miradas en las mimas torres impresionantes de la catedral. ¿Se llenaron de ánimo y esperanza al visualizar las torres que aparentaban surgir del medio del campo? ¿Se alivió su temor y fue su valentía fortalecida al recordar que Dios los acompañaba en su camino?
 
La cancelación de mi tour me brindó una experiencia más rica y profunda de las playas del desembarco de Normandía. Armado sólo con mis pensamientos y mis músculos, el paseo en bicicleta me transportó a otros tiempos con la oportunidad de contemplar tranquilamente a lo largo de las playas, los acantilados y las colinas de Normandía. Inmerso en el tremendo heroísmo junto con el sufrimiento y sacrificio vivido en ese lugar, la visita incrementó mi gratitud por los muchos que lucharon valientemente en esas tierras en nombre de la libertad y el bien.
 
Padre Pablo Migone es Canciller de la Diocesis de Savannah.
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