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Un profeta improbable

Originally Appeared in : 9924-11/21/19

De los muchos sacerdotes que me enseñaron en el seminario, el más alegre fue un fraile dominico irlandés, el Padre Paul Murray. Era un hombre de oración intensa, fiel a la iglesia y siempre listo para compartir alguna historia. En uno de sus cursos titulados "Dios y los poetas" hablamos de la presencia del humor en la Biblia. También consideramos algunos pasajes de Santo Tomas de Aquino en los cuales el Padre Murray encontró rastros de humor en las obras del gran teólogo.

 

Hasta tomar este curso, conocía yo bien la historia de Jonás en el antiguo testamento, pero nunca había pensado encontrar humor en ella. Todos saben que Jonás fue tragado por una ballena por tres días y después predicó un mensaje de arrepentimiento a la ciudad de Nínive, pero si uno toma tan solo cinco minutos del día, uno se reirá leyendo este breve libro del antiguo testamento en su totalidad.

 

Dios llamó a Jonás para que abandone su tierra para predicar a los ciudadanos de Nínive. Desobediente al llamado, Jonás se embarcó en la dirección opuesta, pero una gran tormenta surgió. Jonás fue tirado del barco al mar después de confesar que había sido desobediente a su Dios. Un pez gigante se lo tragó y lo llevó a la orilla. Jonás obedeció a Dios y predicó en Nínive para que su población se arrepiente de sus pecados. Una vez que el rey oyó el mensaje, pidió a los ciudadanos de Nínive que ayunen, que se vistan de penitentes (incluyendo sus animales) y se arrepientan.

 

Uno pensaría que después del arrepentimiento de Nínive, Jonás hubiera estado satisfecho que su misión había sido todo un éxito. Sin embargo, la reacción de Jonás es tan inesperada como lo es graciosa. Leemos que “el arrepentimiento de Nínive grandemente disgustó a Jonás, y quedó muy enojado.” Jonás maldice a Dios porque sabía que Dios es “bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia.” Jonás está tan enojado con la misericordia de Dios que prefiere morir. ¡Este profeta es un profeta improbable.

 

A pesar del enojo de Jonás, Dios hace crecer una planta cerca de donde Jonás está sentado, y el profeta queda contento con la sombra que le provee. Sin embargo al día siguiente un gusano se come la planta, un fuerte viento sopla y el sol acalora al pobre profeta. Jonás le dice a Dios, “tengo derecho para estar enojado hasta la muerte.” El libro concluye con Dios regañando a Jonás por preocuparse tanto por la planta insignificante mientras que Él está preocupado por Nínive y sus animales arrepentidos.

 

Filósofos dicen que el humor es causado al colocar juntos eventos, objetos o ideas inusuales o inesperadas. El humor surge cuando incongruencias se unen. El disgusto inusual e inesperado de Jonás hacia el éxito de su trabajo hace a Jonás un personaje desconcertante y gracioso. El humor de este libro me hace recordar que es importante siempre poder reírme de mí mismo y a la vez recalca que si Jonás fue capaz de cumplir con Dios a pesar de sus faltas, ¡hay gran esperanza para todos.

 

Padre Pablo Migone es Canciller de la Diocesis de Savannah.

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