Letters to the Editor

La Segunda Capilla

“Y aquí,” la hermana me dijo sonriendo, “está nuestra segunda capilla.” Entré al salón un poco confundido mientras explicaba la hermana, “esta es nuestra segunda capilla porque aquí también encontramos a Cristo.” La hermana religiosa me había invitado a entrar a un salón con unas quince jóvenes, todas las cuales sufrían de defectos congénitos y enfermedades graves. En este salón se encontraban las jóvenes mayores del hogar, las pocas que habían vivido más allá de unos pocos años después de ser abandonadas por sus padres debido a su inhabilidad para cuidar de ellas.
 
A pesar de sus serias limitaciones físicas y verbales, las jóvenes estaban felices. El amor con el cual las madres religiosas las alimentaban y cuidaban era palpable. Yo no tenía ninguna duda que estas jóvenes eran amadas, que Cristo estaba presente, y que el amor y cuidado que habían recibido las había mantenido vivas por muchos años. La religiosa que nos mostró el hogar conocía bien la historia de cada niña que visitamos. Estas historias te rompían el corazón, pero estos mismos terribles relatos daban paso a una alegría esperanzadora que surgía de las mimas jóvenes y de aquellas que las cuidaban.

La capilla de la Casa Hogar Santa Teresa de Jesús en Cusco, Perú, dirigido por los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo. Foto por Padre Pablo Migone.

La obra de los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo en Cusco, Perú es verdaderamente admirable. Sacerdotes, hermanos y hermanas religiosas al igual que laicos y familias, han respondido a un llamado particular de cuidar de los más abandonados y olvidados en la implacable altitud de los Andes peruanos. El Padre Giovanni Salerno llegó al Perú en 1968 para atender las necesidades médicas y espirituales de los más pobres en Apurímac, Perú. Al pasar los años, él, junto con muchos otros que han respondido a su invitación para servir a los pobres, han encontrado a Cristo entre los más olvidados que se encuentran al margen de la sociedad. Este movimiento se esfuerza por ir donde nadie va en búsqueda de los pobres y los marginados, de modo que puedan alcanzar una condición que esté de acuerdo con la dignidad de los hijos de Dios.

 
Cuantas veces el Papa Francisco nos ha invitado a los márgenes de la sociedad para que aquellos que ahí se encuentran se sientan aceptados y parte de la familia de Dios. En la Alegría del Evangelio, el Papa nos desafió de ir al alcance de quienes están privados de todo beneficio de la sociedad. Si juzgamos a estos hermanos y hermanas, esperando que aquellos más distantes a nosotros cambien y sean aceptables de acuerdo a nuestro propio criterio, ese día nunca llegará. Es al mostrar el amor de Dios que ellos serán transformados y podremos amarlos. Es el amor de Dios que hace lo incompleto e indeseable completo y deseable.
 
No es necesario viajar a la sierra peruana para permitir que el amor de Dios transforme a quienes necesitan amor. Los márgenes de la sociedad nos rodean. La Beata Teresa de Calcuta afirmó que “la mayor enfermedad de Occidente hoy no es la tuberculosis o la lepra; es no ser querido, no ser amado y que nadie se preocupe por ti. Podemos curar las enfermedades físicas con la medicina, pero la única cura para la soledad, la desesperación y la falta de esperanza es el amor.” Hay que mirar a nuestro alrededor, dentro de nuestros hogares, lugares de trabajo y comunidades. ¿Dónde podemos permitir que el amor de Dios transforme al no amado en medio de nosotros? La segunda capilla se encuentra dondequiera que entremos, dondequiera que permitamos que Cristo se manifieste.
 
Padre Pablo Migone, es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

Letters published do not necessarily reflect the views of the Southern Cross or of the Diocese of Savannah.

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