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Una mirada por la ventana

Originally Appeared in : 9912-6/6/19

Un carro Mercedes-Benz verde oscuro se detuvo en el semáforo de una intersección congestionada. Hacía frío. En el asiento de cuero trasero estaba sentado un joven de quince o dieciséis años. Viajaba solo y al frenar el carro su mirada que había estado fijada en el reposacabezas delante de él se reubicó lentamente hacia la ventana. En ese instante otro joven de aproximadamente la misma edad se acercó al carro vendiendo algo. Llevaba una caja de madera llena de chicle colgada de su cuello con un pedazo de pabilo desgastado. El joven vestía ropa vieja y rota. Se detuvo frente a la ventana del carro y le ofreció al joven sentado una cajita de chicle. Sus miradas se cruzaron por unos pocos segundos y después el joven en el carro movió la cabeza para indicar que no estaba interesado. El joven continuó su camino al lado de la avenida vendiendo su producto intrascendente a un precio insignificante para ganarse unas cuantas monedas ese día.

 

El joven en el carro llevaba puesto ropa nueva de colores, una camisa de manga larga, y pantalones marrones. Sus zapatos negros habían sido lustrados esa mañana por alguien en la casa de su abuela. Llevaba también un cinturón de cuero negro. Cuando el chofer del Mercedes-Benz verde oscuro pisó el acelerador al cambiar el semáforo una pregunta surgió en la mente del joven: "¿por qué está él ahí, y yo aquí?" El joven no pudo encontrar una respuesta satisfactoria en ese momento. Su camino continuó por varias avenidas largas llenas de otros carros y más ambulantes, y el joven no podía borrar la imagen de su propio rostro en el rostro del joven vendedor de chicle.

 

Esta experiencia y la pregunta inicial que surgió en su mente iniciaron un proceso que cambió la perspectiva sobre la vida del joven. Más preguntas y dudas surgieron: ¿fue simplemente suerte lo que lo llevó a estar sentado en el carro? ¿O quizás un beneficio no merecido que heredó de sus antepasados? ¿Fue la Providencia de Dios o las musas del destino? ¿Fue el resultado de su propio trabajo? Al pasar el tiempo el joven se dio cuenta de que él personalmente no había hecho nada para merecer sentarse en el asiento trasero del carro verde oscuro — fácilmente el pudiese haber sido el joven ambulando por las calles batallando contra el frío para llenar sus bolsillos con unas cuantas monedas. Se dio cuenta que todo en su vida era un beneficio no merecido. Su vida podría haber sido muy distinta. Nada dentro de sus habilidades le había permitido elegir su estilo de vida de la misma manera que el joven vendedor de chicle no había hecho nada para merecer la vida que estaba destinado a vivir.

 

El joven en el carro se puso en los zapatos del otro joven no porque se sentía culpable o avergonzado, pero más bien porque comprendió que cada persona tiene una historia que contar y que merece ser tratado con dignidad y respeto. Sintió la responsabilidad de amar y respetar al prójimo sin juzgar. Experiencias de vida como esta nos plantean preguntas difíciles a responder – pero pienso que si uno responde con amor, misericordia y bondad, uno nunca se equivoca. Una mirada inesperada por la ventana del carro llevó a una compresión más profunda del prójimo — en si una gracia no merecida.

 

Padre Pablo Migone es Canciller de la Diocesis de Savannah y reside en la Catedral de San Juan Bautista, Savannah.

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